27 jun 2007

A mis hermanos haitianos y a la comunidad internacional



Declaración Pública

Ante el acoso insistente vía denuncias y acusaciones (interna y externa) de algunas ONG’s financiadas por organismos e instituciones de las “Naciones Amigas de Haití”, tendentes a presentar a la República Dominicana como una nación racista y xenófoba, la que supuestamente aplica y mantiene bajo régimen de esclavitud a los inmigrantes ilegales haitianos que residen en el país, la Alianza Internacional para la Recuperación de Haití, desea hacer de conocimiento público, nuestra visión y posición sobre tales acusaciones y denuncias.

1- Que tales acusaciones y denuncias, al presentar la Republica Dominicana como un país racista, xenófobo y esclavista, convierten a los acusadores y denunciantes en instrumentos de desestabilización en el ámbito de la economía del país y de la gobernabilidad presente y futura de la Republica Dominicana, lo que a posteriori puede afectar la seguridad y tranquilidad de todos los haitianos que viven y trabajan en la Republica Dominicana.

2- Que dichas acusaciones y denuncias resultan interesadas y no contribuyen al mantenimiento de las buenas relaciones y paz social que debe existir entre los gobiernos de Haití y de la Republica Dominicana, así como también entre los ciudadanos haitianos (legales e ilegales) que residen y trabajan en el país objeto de tales acusaciones y denuncias, y los ciudadanos dominicanos acusados de acciones y hechos que no se corresponden con la verdad.

3- Que si las “Naciones Amigas de Haití” realmente desearan contribuir a resolver el problema del desempleo crónico por el que atraviesa la población haitiana en Haití, deberían hacer propuestas constructivas, las que contribuyan a mejorar la situación económica de nuestros hermanos en el territorio haitiano.

4- Que los buenos haitianos, donde quiera que nos encontremos, nos sentamos orgullosos de ser haitianos y de preservar nuestra ciudadanía, al igual que como hacen los demás inmigrantes de otros países, los que se sienten orgullosos de preservar sus respectivas nacionalidades, al tiempo que solicitamos a las naciones en que nos encontramos como emigrantes, que se nos reconozcan los derechos que nos puedan otorgar las Constituciones y Leyes en sus respectivos territorios, pues estas inmigraciones indeseadas se originan en respuesta a las necesidades laborales no satisfechas actualmente, por la grave situación que padece nuestro querido Haití, lo que nos obliga a buscar trabajo provisionalmente en otros países.

5- Que no son sinceros y se descalifican ante la comunidad internacional, aquellos países que no deseando inmigración haitiana en sus respectivos territorios presionan y obligan a naciones pequeñas y débiles para que den y otorguen facilidades que ellos niegan.

6- En fin, compatriotas, hermanos dominicanos en la comunidad internacional, la Alianza Internacional para la Recuperación de Haití, les garantiza que despertará en el pueblo haitiano, el interés y la misión de recuperar el territorio y las mejores tradiciones de nuestra cultura, en beneficio de los herederos históricos de un Haití mejor, fundamentado: no en la violencia, sino en la reconciliación y la concordia; no en la división social, sino en la unión para lograr un fin común; no en gobernantes providenciales impuestos, sino en el hombre haitiano como instrumento de su propio destino y desarrollo; no en la destrucción del medio ambiente y de los recursos naturales, sino en el uso racional de los mismos; no en el abuso y la explotación de pobres, sino en su educación y protección social; no en el odio a los vecinos, sino a la disposición de negociar las diferencias y honrar los acuerdos convenidos, en el entendido de que no debemos pretender obtener aquellos beneficios y facilidades que no estamos dispuestos a conceder.

La potencia fecundante de esta actitud irrigará todas las estructuras de la sociedad haitiana, modificará todos los comportamientos y triunfará ante todas las dificultades.


Por la Alianza Internacional para la Recuperación de Haití


Jean Bertin
Secretario General
Para más información contactarnos al 1-809-251-4715
jbertin2@hotmail.com

19 jun 2007

La esclavitud: tema de interés en la actualidad internacional

Por Jean Bertin

Estas líneas, más allá de sumarse a la larga lista de los que se complacen en escribir las mismas historias repetidas mil veces y añadirles sólo un epílogo, han sido concebidas con otras ambiciones.
En primer lugar, aportar una visión actual de lo que fueron las representaciones y teorías sobre la problemática haitiana; por consiguiente, remendar los pedazos del espejo roto en los cuales diferentes entidades quieren verlo reflejado cuando les conviene. El otro objetivo se resume en darle seguimiento a los esfuerzos de comprensión de los problemas ligados al porvenir de mi país.

La esclavitud: tema de interés en la actualidad internacional

Por siglos, la esclavitud y la trata de negros han sido verdaderas instituciones establecidas en numerosos puntos del continente africano. Todo comenzó en el seno de las mismas sociedades de ese continente, como en ciertas poblaciones, la Sahelienas por ejemplo, donde la mayoría del pueblo era esclavo.
Después de muchos años es que el comercio de la venta de esclavos se desarrolló con otros países, siempre organizado de una misma manera: estados y sociedades negreras (en Ashanti, Zanzíbar o Dahomey) capturaban otros africanos y los vendían a extranjeros a través de mercados o dirigidos a clientes específicos.
La venta de esclavos a las sociedades del norte de África existió desde la antigüedad y se calcula que aproximadamente ocho millones de africanos fueron exportados hacía los países del Océano Indio y el Golfo Pérsico desde inicios del siglo XVI hasta finales del siglo XIX.
Pero la trata de negros transatlántica con destino a las colonias de América, fue masiva. Alrededor de quince millones de hombres fueron deportados durante esos mismos cuatro siglos.
Los reclamos por la abolición de la trata de negros tuvieron sus primeras voces en Montesquieu y Daniel Defoe. La idea se popularizó a finales del siglo XVIII, cuando los filósofos del Siglo de la Luz y los religiosos propusieron los preceptos de tolerancia y humanismo.
En Europa y en Estados Unidos, los grupos de presión “abolicionista” fueron ganando simpatizantes, incluyendo a los políticos de la época. En Haití, la sangrienta insurrección de los esclavos de Saint Domingue, en 1791, dejó presagiar la gran explosión de los negros que vendría.
Una enorme contradicción tuvo lugar cuando, después de establecida la abolición, los europeos, temerosos de perder los beneficios que extraían de sus colonias en América, declararon que: “Trata de negros no, pero utilizar los esclavos sí”. El Marqués de Condorcet sugirió entonces que sería mucho más rentable producir en tierras de África y con mano de obra africana, los productos americanos como el azúcar, que eran altamente cotizados entre los consumidores europeos, lo que trajo como consecuencia el inicio de la colonización de África.
Sin embargo, las colonias de América se vieron en la necesidad de importar más esclavos, originando que una nueva trata de negros prosperara entre los años 1811 y 1870, cuando 1.2 millones de esclavos fueron exportados ilegalmente hacia Brasil.
Con la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo en 1492, Haití se transformó en la Hispañola, nombre que le dio el Almirante a la isla, y fue es hasta septiembre de 1697 que renació legalmente, pero en forma muy reducida, con el acuerdo de Ryswick entre España y Francia, hasta que finalmente se establece con el tratado de Aranjuez, en junio 1777. El pueblo haitiano nació realmente junto a la República Haitiana, con la proclamación de la independencia el 1ro de enero del 1804
Pero negado a utilizar y adaptarse a los modelos exógenos de socialización, que en otros países había dado buenos resultados, Haití mantuvo el modelo al que más acostumbrado estaba, la esclavitud, y como consecuencia se produjeron dos fenómenos fundamentales que sobreviven en la realidad actual haitiana: Primero, que hasta la fecha no ha sido fijado el concepto de Identidad Nacional, o sea, que la haitianidad no ha nacido aún; y segundo, que el país no ha sido dotado de las normativas necesarias para soportar y respaldar la creación y fortalecimiento de la comunidad haitiana. La República de Haití se ha quedado a la deriva en los tiempos de evolución y cambios mundiales.
Actualmente, la palabra esclavitud ha sido descontextualizada abusivamente asumiéndola como definición para fines inconfesables. Hoy, cualquier empleo mal remunerado se connota como esclavitud. Pero, ¿quien no ha tenido un empleo mal pagado en el que se ha visto obligado a permanecer durante un tiempo por múltiples razones fundamentales? ¿A quién no le ha tocado vivir la experiencia de que, después de los primeros meses en un trabajo, su nivel de vida sufre ajustes que le hacen ver ese mismo salario como insuficiente? Todo es relativo y si a esto le llamamos esclavitud, las preguntas a responder serían: ¿En que país del mundo no se practica la esclavitud?, y ¿en que país del mundo todos los empleos son justamente remunerados?
Curiosamente, muchas instituciones internacionales emiten informes sobre lo que, según sus consideraciones, es una forma de “esclavitud moderna”. Probablemente la esclavitud se ha modernizado, pero lo que es cierto es que nunca se ha terminado. ¿Qué empresario en el mundo moderno no se ha aprovechado de la debilidad de un empleado que necesitaba un aumento? ¿Qué profesional no ha abusado de la vulnerabilidad de un cliente? Los Organismos Internacionales suelen utilizar los criterios de países que no califican como ejemplos. ¿Cómo se puede catalogar de esclavitud un empleo que se encuentra vacante porque su remuneración no conviene a personas de cierto nivel, pero le resuelve lo mínimo a otras y a la vez contribuye a ayudar a sus parientes?
Paralelamente, el corte de caña no es más esclavizante que las empresas establecidas en las zonas francas, quienes también se nutren de mano de obra barata. La mano de obra que se contrata en los cortes de la caña en Haití, no es igual a la que se contrata en Puerto Rico, República Dominicana o Cuba. Igualmente, la mano de obra en las Zonas Francas en Haití y República Dominicana no se corresponde a la mano de obra de Miami o de Nueva York. En realidad, aunque los Organismos Internacionales tienen buenas intenciones, deben revisar algunos de sus criterios antes de juzgar o emitir informes que ponen en duda su credibilidad.
Recientemente, un periódico digital reportaba que la Agencia Francesa de Prensa (AFP) retomaba el tema en una historia cuyo protagonista era Sylvine, una niña de 6 años que se despertaba a la 5:00 de la mañana para buscar agua en una fuente pública localizada a 5 Km. Desde esa primera tarea familia, Sylvine pasaba el resto del día haciendo distintas faenas, barre, lava las ropas de los demás, incluyendo niños de su edad, ayuda en la cocina, friega. “No tengo tiempo para jugar”, dijo Sylvine a los reporteros.
Leyendo esta historia, uno presume invariablemente el abuso y violación de todos los derechos de esta niña, si es que acaso vive en la casa de su familia. Pero si Sylvine vive en una casa ajena, aparte de violar todo los derechos de la niña, queda definido como esclavitud. En eso estamos de acuerdo, sin embargo, lo que no concuerda es la velocidad con que se traslada caminando una niña de 6 años y el tiempo en que lo hace, según el reporte de AFP. Una niña de esa edad es capaz de caminar a 0.6 km/h, lo que haría que tardara 8 horas en andar los 5 km. hasta donde se encuentra la fuente, además habría que calcular unos 15 minutos que se toma en llenar el galón si no hay mucha gente haciéndolo (digo un galón porque el peso de un galón de agua en un contenedor de plástico es de 9.5 libras) y regresar caminando con el galón lleno a una velocidad estimada de 0.5 km/h. lo que haría un tiempo de 10 horas en el regreso.
En total, esta niña pasaría un promedio de 18 horas y 15 minutos en el camino y llegaría a casa todos los días a la 11:15 de la noche. Eso sería criminal. No le faltaría tiempo solamente para jugar, tampoco lo tendría para comer, para lavar las ropas de los demás, para barrer, ayudar a la cocina, fregar y por ende, no tendría tiempo para dormir adecuadamente, porque los médicos recomiendan 12hrs. de sueño diario a esta edad.
Cómo es que hemos llegado a esta crisis en la que vemos invertido el sentido de las acciones realizadas en nombre de acción humanitaria “sin fronteras”, hasta el punto de contribuir a veces, al sustento de acciones bélicas. Las Organizaciones no Gubernamentales (ONG), frecuentemente denominadas Organizaciones de Solidaridad Internacional (OSI), son hoy en día, actores reconocidos e incuestionables en la escena del desarrollo. Sin embargo, este reconocimiento muchas veces se traduce en cierta ambigüedad.
Alex de Waal nos explica que, desde el final de la Guerra Fría, las entidades mundiales de ayuda humanitaria han tomado una representación creciente en el juego de las relaciones internacionales. Se trata de agencias especializadas de las Naciones Unidas o de Organizaciones no Gubernamentales, que se han convertido en actores políticos significativos, actuando no solo al sur de Europa, sino también en los países occidentales.
Estas organizaciones humanitarias han ampliado notablemente su misión en el ámbito de los derechos del hombre así como en la solución de conflictos. El frecuente llamado a una intervención militar extranjera representa, sin duda, el ejemplo más sorprendente de las posibles acciones desenfrenadas del “humanismo sin fronteras”. Librados de las tensiones de la Guerra Fría, las ONG’s pudieron lanzar llamados en países como Somalia o Rwanda, comprometiendo responsabilidades considerables sin tomar en cuenta los limites de sus mandatos o de sus competencias.
Las organizaciones humanitarias, emitiendo juicios políticos implícitos o explícitos que los alejan de su rol tradicional, se exponen a riesgos y conflictos que deben ser debatidos oficialmente. En efecto, numerosos son aquellos que, habiendo trabajado en operaciones de ayuda humanitaria durante un conflicto, admiten en privado que si sus acciones hicieron un poco de bien, también hicieron mucho mal, incluso al crear las condiciones que suscitaron la justificación de sus acciones. Pero son cosas que se han mantenido en secreto y es tiempo ya de romper el silencio, de abrir debates sobre el rol de esas ayudas humanitarias y sobre las derivaciones sociopolíticas de sus acciones.

Santo Domingo, 1 de junio del 2007