13 nov 2007

Modelo económico con resultado destructor

El mundo comenzó el siglo XXI en un espiral de contradicciones funestas, que es la consecuencia de la traición del hombre. La traición se ha vuelto una profesión, tiene su arte y su forma, es indiscernible, indecible e insospechable. El hombre de hoy traiciona a su género, su país, su raza, su familia, su amigo, su religión, su vida, sus ideas. Lo catastrófico es cuando el hombre se traiciona a sí mismo, su esencia. Con el pretexto de desarrollarse, el progresa a costa de domesticar la naturaleza, logrando su dilapidación como resultado. La naturaleza, al ser tan equilibrada, no le ofrece el grado de permisividad que le otorgan otros hombres.

El futuro no parece ser lo que nos prometieron, el hombre escogió un camino equivocado. Hace menos de un siglo, el hombre vivía adaptado a su ritmo y a su entorno, su creatividad estaba limitada a sus fronteras y estaba en armonía con el ecosistema. Los países más grandes y más desarrollados cuando dictan a los países más pequeños o menos desarrollados, una forma de desarrollo y no le da su debida importancia al entorno, se crea automáticamente un desequilibrio, por consiguiente una incompatibilidad en el funcionamiento y por lo tanto el medio ambiente sufre.

Nuestro error de juicio hoy, constituye nuestras futuras maldiciones. El pretexto de no querer frenar el progreso, hace que los políticos nos estén llevando por un sendero de aventura suicida, no hay que parar el progreso, sino asegurarse que la dirección y el ritmo estén en consonancia con nuestras necesidades y de nuestra naturaleza. No podemos seguir pretendiendo ser ciegos frente a los resultados ecológicos desastrosos en los cuales estamos sumergidos. Tampoco podemos importar el “ecocide” de los países más avanzados o industrializados, es posible hacer un pacto con el diablo sin ser más diabólico que él.

Los mayores científicos dicen que “la humanidad puede recurrir a dos procedimientos para autodestruirse, la guerra mundial y la destrucción del medio necesario para sobrevivir”. El hecho de no creer lo que sabemos, hace que veamos los peligros solo después que hayan ocurrido, así se multiplican las dificultades para prevenirlos. Realmente, tenemos que aportar unos cambios a nuestros comportamientos si queremos alejar, reducir o eliminar la catástrofe que se encuentra en este camino que hemos escogido.

Mi país, Haití, por haber optado durante mucho tiempo por un camino equivocado, que lo ha alejado de sus congéneres de América Latina generalmente y de la República Dominicana particularmente, prueba de falta de visión y mediocridad política, no había creado los lazos fuertes necesarios para encontrar a tiempo la ayuda y el apoyo preciso para enfrentar los retos, los cuales nos han estropeado. Pero, la República Dominicana sí tiene esos lazos con América Latina y está en condición de aprovechar las experiencias de nosotros haitianos, quienes tienen la buena voluntad de querer salvar nuestra isla y salvar a Haití. Lo que le falta, es sacrificar un poco de esos obstáculos psicoculturales políticos que, a lo largo de nuestra historia, hemos tratado de ocultar con algunos contactos superficiales sin resultados y aceptar el aporte de esos haitianos para la consecución de la solución a estos problemas.

Dicen que al que no tiene sed no se le da agua, es cierto, pero yo digo: el que tiene experiencias, puede detectar en la piel y los ojos la deshidratación que padece y que el cerebro o el paladar aún no ha captado.

Hoy, la República Dominicana está frente a un reto con carácter bicéfalo, los cuales consisten en la llegada de una programada y forzada migración masiva de haitianos en una legítima búsqueda de un mejor estar y paralelamente la aceleración de la destrucción ambiental, ya que la desertificación ha cruzado la frontera. Es un problema grave que requiere repuestas urgentes y precisas, pero no es el más grande, ya que el más grande consiste en la mano oculta nacional e internacional que están tratando de destruir los lazos aunque sean débiles y la armonía entre haitianos y dominicanos, la tranquilidad y el turismo en la República Dominicana, este último que es una fuente más contundente de ingreso de divisas del país y el trabajo de los haitianos que les permiten subsistir mientras que nosotras, las elites haitianas, no llegamos a un acuerdo para extinguir esa crisis crónica que padece Haití.

En entrevistas y artículos anteriores, les he prevenido de las condiciones que estaban creando para calificar a la República Dominicana de Narco-Estado, hoy vemos las declaraciones en algunos periódicos en Estados Unidos sobre el tema, Canadá esta avisando a sus ciudadanos el peligro que representa la delincuencia en República Dominicana, y la llegada de una comisión de la ONU para investigar sobre el racismo, que sabemos que no puede existir en este país por su composición y formación social, dándole así seguimiento a la campaña sucia contra este país. Todos estos constituyen las armas de la guerra fría que utilizan los países industrializados en contra los países ex tercermundistas o países pequeños, con el único propósito de crear un caos en este país y declarar incompetente las fuerzas policial y militar nacionales para restablecer el orden y la democracia, así justificarán una sanción para empobrecerlo y una intervención con fuerzas armadas internacionales para despojarle algunas riquezas al país.

Gabriel Hanotaux, filósofo francés del siglo XIX decía: Mientras que el tiempo avanza, la historia se transforma, ella esta mas y mas en estrecha relación con la vida del pueblo, está escrita por él, para que le sirva de lección y de ensayo.

La República Dominicana por asignar credibilidad a países amigos que no lo merecen y por la lentitud de reacciones ofensivas en la dirección adecuada, esta serruchando lentamente la rama en la cual está sentada. Mi profundo amor por mi país y mis hijos, mis deberes frente a mi pueblo, mi respeto por el pueblo Dominicano (quien me brinda vida y mejor situación al igual que mis compatriotas), mis experiencias y mi visión, legitiman mi insistencia en pedirle a los responsables de este hermano país de crear sin diferir una asociación mixta Dominico-Haitiana anti-guerra fría, de manera que puedan contrarrestar esta catástrofe antes mencionada, que sin duda alguna nos reserva igual destino que los antiguos indígenas que vivían en esta hermosa isla.

Si no nos decidimos a luchar sin tregua, sin descanso para esta isla, renunciamos pues a vivir en este paraíso terrestre que no merecemos.

*Ecocide: término francés. Significa destrucción del Medioambiente.