El título de este trabajo es el texto de un telegrama enviado por el ilustre general francés, Charles De Gaulle, ex Presidente de Francia, a su homólogo norteamericano John Fritzgerald Kennedy, en 1963, cuando algunos buques de la marina de guerra de los Estados Unidos, cruzaban en las aguas de la República Haitiana con fines inconfesables.
Yo quiero con esto, contribuir a recuperar el sentido de la perspectiva. Necesitamos entender bien la grandeza de las acciones de las cuales somos contemporáneos y que forjan nuestro porvenir, que tenemos la obligación de prepararlas bien.
A mediados del siglo XX, con el fin de la descolonización, llegó el nuevo orden bipolar y con él la guerra fría. Nació así el “Tercer Mundo”, término inventado por el demógrafo Francés Alfred Sauvy en 1952 y que resultó una construcción política como repuesta a las consideraciones de entonces y a un contexto geoestratégico. El concepto culminó con el final de la guerra fría, al principio de los años noventa. Pensaríamos lógicamente que en esa guerra, uno ganó y el otro perdió, pero nada más errado porque ambos entraron en una gran inestabilidad económica que suscitaba una pronta salida.
Lo que más nos interesa en este momento, es el comportamiento de la economía de los Estados Unidos en esa época. Con una recesión en la productividad de más de -3% registrado al final del año 1990, se recuperó rápidamente en 1992 para caer de nuevo en 1993 a más de -4%. Más adelante se recuperó y de nuevo cayó en 1999. Reportajes de revistas confirmaron que esta situación duró varios años y aunque antes de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, los Estados Unidos estaba ya en recesión, fue el 26 de noviembre 2001 que las autoridades norteamericanas en materias de ciclos económicos (el National Bureau of Economic Research, NBER por sus siglas en inglés), anunció que los Estados Unidos de América entró oficialmente en recesión. El mundo sufrió el efecto dominó y vimos que Japón, México, Taiwán, entraron en recesión como resultado de la contracción de los cambios y las reducciones de las exportaciones hacia los Estados Unidos.
Fundamentándonos en una lógica imperialista, podemos ver que cuando al principio del siglo XIX, se proclamó la abolición de la trata de los negros, en Europa, el Marqués de Condorcet sugirió que sería mucho más rentable producir en África por los mismos africanos todo lo que necesitaban. De hecho, nadie ha publicado los resultados de más de 30 años de guerra fría en ningún reportaje o análisis concretos sobre cómo se terminó esa guerra. Lo único que pusieron en relieve fue la pérdida de los privilegios y las fuerzas que gozaba el tercer mundo, en el cual vivimos. Cabe entender que la guerra fría culminó con un acuerdo consensuado entre los protagonistas, de voltear los cañones fríos hacia ese tercer mundo para recolonizarlo, pero modernamente. De ahí nació el G7, el cual se convirtió luego en G8, actualmente vigente, que es la Unión de los países más avanzados, o más industrializados, contra los países ex tercer mundistas, que son muy ricos en recursos naturales y humanos. Sabiendo que de las dos guerras mundiales, la última fue resultado de una profunda recesión económica mundial, lógicamente estuvimos esperando una tercera guerra mundial convencional como las dos precedentes, y que empezaría entre los grandes países. Real equivocación porque ellos, reunidos en G7, fomentaron la nueva guerra fría contra el tercer mundo.
Haití quedó capturado en estos momentos con una vulnerabilidad flagrante debido a su carencia institucional, con un pueblo desorientado, débil identidad regional, una sociedad fragmentada, una economía anquilosada, sin lazos con su entorno, en fin, una comunidad sin las debidas herramientas para enfrentar provocaciones externas. Todo esto contribuyó a calificarle de “presa fácil” y así fue que empezamos a ver cómo los Estados Unidos nos imponían la defensa de una democracia pero de la que no quiere asumir el costo, nos hace intimación para delegarle nuestra seguridad. Son artificiales e injustos, olvidan que existen otros valores, otras dialécticas, otros orgullos diferentes a los suyos. Impiden que Haití encuentre nuevo equilibrio. Parece que olvidan también que los poderes tienen obligaciones.
Todo se hace con engaños, chantajes y disfraces. En octubre del 1991, después de fomentar y requerir un golpe de estado militar contra el presidente de entonces, Jean Bertrand Aristide, nos infligieron un embargo que calificamos de genocidio. Sanciones económicas impuestas irregularmente e ilegalmente, contrario a las cartas de la OEA y de las Naciones Unidas que prohíben la utilización de presiones económicas para fines políticos. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas violó sus reglas en el caso haitiano con la resolución 864 haciendo que China declarara que esperaba que el caso de Haití no constituyera un precedente lamentable. Las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad no tenían ningún derecho a intervenir en el caso de Haití en esa época, porque Haití no estaba en conflicto con otro país. La esposa del representante de la ONU de entonces, el señor Dante Caputo, es amiga íntima de la Señora Danielle Miterrand, esposa del Presidente de Francia, las dos asistieron a la ceremonia de instalación del Presidente Jean Bertrand Aristide, el 7 de febrero del 1991. En el ámbito internacional tal parece que la amistad tiene más valor que las leyes.
La USAID de la embajada Norteamericana informó que con el embargo no había sufrimiento de la clase desposeída, la malnutrición no había aumentado, falso, porque la Cruz Roja junto con otras instituciones en una reunión en la FAO, reportaron que la malnutrición en los niños creció 60% y peor aun, declararon que 34% de estos niños lograron el nivel kwashiorkor, lo cual es catastrófico, porque nunca antes había sido registrado este nivel de malnutrición en Haití. En fin, el embargo es un arma de violencia pasiva, es cínico, hipócrita y extiende sus acciones hasta los más débiles, las mujeres, los niños, los ancianos y el medio ambiente. Millones de ciudadanos fueron sacrificados y un país arruinado, para eliminar del poder o devolver al poder, dependiendo del caso, una sola persona. Toda esa perversidad para que diez años después, los mismos Estados Unidos sacaran a esa misma persona del poder por no ser demócrata.
Las acciones de los países más avanzados o industrializados contra los más pequeños, no respetan las normas y principios establecidos en las cartas de la ONU y la OEA. Tienen un propósito común que es crear las condiciones a través de actos calumniosos, subversivos y difamantes para desacreditar a los países cuando piensan sacar provecho de ellos. Esto conlleva una destrucción a todos los niveles y en todos los ámbitos: sociales, económicos, políticos y medio ambientales. Por ejemplo destruyen los lazos familiares y las fuentes de ingresos de divisas. Utilizan las ONG’s como instrumentos para despojar al ciudadano del nacionalismo necesario para mantener la unidad comunitaria, condición sine qua non para vencer en esta guerra fría. Mantienen el adepto concentrado en una ardua tarea de búsqueda y de preparación de proyectos para ser aprobados y ejecutados por ellos. Así, el ciudadano se independiza de su Estado y se sustenta en una economía exógena, creando un profundo individualismo que lleva a la desintegración. Con el pretexto de atender a sus responsabilidades familiares, le da espalda a sus deberes cívicos, por ambiciones personales sacrifica la Unidad Nacional. Satanizan a los países con problemas cuando lo que ameritan es análisis y comprensión para solucionarlos. A través de agentes con funcionamientos subterráneos y perversos, financian artículos en periódicos, hacen falsas declaraciones, montajes de filmaciones, desinforman a los gobiernos para que no reaccionen a tiempo y así no puedan contrarrestar los efectos de esos actos. También utilizan ciudadanos de otros países para crear fricciones sociales dándoles una magnitud política que no tienen.
Hoy, esta isla del Caribe, la única que tenemos, está atravesando un momento crucial tal vez como el que tuvo antes en su historia, cuando desaparecieron los indígenas nativos. Mientras que los países más avanzados e industrializados están fabricando el expediente que justificará las sanciones aplicables a República Dominicana, está se queda sentada al lado del verdugo que está amolando su hacha y parece muy convencida de que no le toca ser la próxima víctima o simplemente piensa que lo que ha pasado en Haití fue fortuito. No se da cuenta de que han creado las condiciones para que el próximo paso sea su designación convirtiéndola en narco-Estado, ya que en esa nueva forma de hacer la guerra, aunque las cosas parecen ser naturales, en realidad son programadas
Tradicionalmente, ante cualquier peligro proveniente de otros países y cualquier veleidad de acción que diera la impresión de un ataque inminente, los países ya en estado de alerta ponían en marcha una sirena que era la señal para ponerse a cubierto. Hoy, que la guerra se hace de otra manera, las agresiones son disimuladas y disfrazadas, nos toca a nosotros, haitianos, hermanos de los dominicanos, responsables, protagonistas de la historia reciente, armados con nuestras experiencias y concientes de nuestros deberes y obligaciones en la región, frente a esta amenaza que constituyen las acciones externas e internas de los enemigos de la región, en virtud del ejemplo y tomando en consideración esas antiguas costumbres, timbrar aquí la campana de emergencia para que los responsables se despierten y enfrenten el peligro con la valentía que caracteriza nuestra raza, y, de una vez por todas, poner fin a esta situación de sombra y zozobra en la cual está inmerso el pueblo de este paraíso terrestre que suscita tanta envidia. “Ay de quien, en el momento de peligro común, no se despierta. (Caonabo)”
Mientras tanto, juntos haitianos y dominicanos, les decimos: ¡Déjennos en paz!