¡El destino de República Dominicana es actualmente inseparable de la suerte que corra la democracia en la república de Haití!
Mientras que Republica Dominicana está muy ocupada en su principal tarea, que es la fijación y consolidación de logros como estabilización macroeconómica, crecimiento económico, avances tecnológicos, avances en formación digital, modernización y adecuación de la administración pública, actualización de sus leyes, modernización y ampliación de su capital físico, etc., Haití sigue la misma corriente nefasta que ha creado un sistema de políticas obsoletas, contraproducentes y una administración ineficiente e infructuosa, con una economía anquilosada, fabricando más pobreza, más desintegración, más deforestación, más fugas del aparato productivo, más criminalidad, más inseguridad.
El supuesto colapso de Haití no es realmente el colapso de los haitianos, porque hace poco más de medio siglo que la mayúscula institución internacional que se llama Organización de las Naciones Unidas (ONU), compuesta por los grandes ciudadanos internacionales, fue ordenada para investigar y emitir un informe sobre el caso haitiano. En junio del 1949 se ejecutó ese informe de la Organización que en el punto 5 concluyó como mejor solución, exhortar a los gobiernos haitianos a fomentar el desplazamiento masivo de sus nacionales, en forma de familias enteras y con carácter permanente, hacia otras regiones del Caribe menos pobladas.
Es con una predisposición creada por este condicionamiento de algunos y pretexto para otros, que el mundo en su conjunto está mirando a mi país desde entonces. Si es cierto que las ciencias y las tecnologías no son estáticas, no es porque antes de 1949 los haitianos no hubieran podido encontrar la solución sugerida por los grandes hombres internacionales influenciado por los grandes países, o simplemente que los grandes hombres internacionales no hubieran podido entender los problemas de ese pueblo en ese tiempo. Hoy en día, los nuevos haitianos y los nuevos grandes hombres internacionales, con tantas oportunidades que brindan las evoluciones en todos los ámbitos de las ciencias, la tecnología, la comunicación, tienen conciencia mundial sobre la necesidad de mirar los países pequeños con diferentes criterios. Porque antes de 1949, los mecanismos que generaban riquezas no eran los mismos que hoy y productos que entonces tenían poca significación, hoy tienen inmensos valores. Los grandes hombres internacionales de hoy son diferentes a los de entonces.
Frente a esta realidad que es el desastre que ha causado la aplicación de esa solución externa, hemos visto en esas Organizaciones y grandes países la política dejar ascender a la presidencia de Haití, al nativo que les convenza de que puede establecer la emigración de más haitianos, no importa el método, las violaciones de todo tipo, el asesinato, la corrupción, las trampas y los engaños hacia los países menos poblados del Caribe. “Todo esta permitido” bajo el modelo mundial de pedir cosas sin asumir sus costos. La hermana República Dominicana, por su cercanía, ha sido sacrificada y es victima de una conjunción excepcional en la historia de la humanidad, de calamidades, dificultades, provocaciones, difamaciones y calumnias, que, cada uno en sí, constituye para cualquier país un verdadero desafío.
Dos actitudes son posibles, la primera, es la consternación. Puede considerarse que son cosas naturales de la vida que escapan al control del hombre, que hay que esperar que la naturaleza sea más clemente algún día. La segunda, una actitud realmente optimista a la cual me adhiero, consistente en considerar que todo problema tiene una solución y darle frente a esos fenómenos con racionalidad y con firmeza política. Desde punto de vista académico, el empeño político en esta dirección resuelve ya en parte el problema. No hay tiempo para seguir con discursos insípidos y evasivos, el que hoy piensa o declara que no hay solución para mi país, Haití, está condenando a la República Dominicana a sucumbir.
¡El bosque dominicano precede al hombre haitiano y el desierto lo sigue! Esta realidad ecológica le da a República Dominicana el legítimo derecho de tocar a todas las puertas y pedir cuentas por más de una razón. En África, se ha reportado que el desierto camina hacia el sur a más de
Pienso que es más que tiempo suficiente para que los responsables en República Dominicana empiecen a buscar a los haitianos auténticos con real voluntad y crear una comisión de crisis mixta que se concentre en lograr la solución de los problemas aferentes. Los dominicanos deben en su conjunto, entender que sus hermanos haitianos están en un momento muy difícil, que requiere de mucho más esfuerzos de lo que ya se les ha manifestado, porque también son una victima de los mismos sucesos. A nosotros, haitianos, es tiempo de parar la aceptación de estar manipulados, finalmente nos están forzando a jugar a la ruleta rusa con los hermanos dominicanos, que representan la única y más confiable fuente de subsistencia que tenemos. Debemos darles esa lección a los grandes países del mundo y a los grandes líderes internacionales, que ese informe del año 1949 es obsoleto y que aunque pequeños, somos un país rico en comprensión, en caridad, en humanidad y somos capaces de lograr y mantener la paz, la única arma con la cual se consigue la tranquilidad, el sosiego, la prosperidad y con la que se construye un futuro.
Imagínense la transfiguración de la vida en Haití si mis compatriotas descubrieran que, más allá de las aspiraciones particulares de cada uno, el conjunto de la clase política se une alrededor de un ideal de unidad y de desarrollo. Asistiríamos al nacimiento de una nueva fuerza: la preeminencia del interés nacional frente a todos los otros motivos. Rompiendo con el pasado, ya que la pequeñez de las victorias no puede ocultar más la realidad de la crisis cuando las acciones del gobierno no son compatibles con las obras del pueblo. Es tiempo de buscar un nuevo paradigma, de ofrecerle nuevos horizontes al pueblo. En realidad, hoy, el único enemigo a vencer es la pobreza que padece nuestro país y la única victoria es el desarrollo de este país tan generoso, y eso no se obtiene enfrentando a nadie, sino con el conjunto de los ciudadanos haitianos como soldados de un gobierno de unidad nacional. Es con la grandeza de las ideas de la elite haitiana sincronizadas con la obras talentosa del pueblo en su conjunto, que encontraremos las cualidades profundas de fraternidad y de unidad que harán la verdadera grandeza de Haití y que garantizarán un porvenir mejor.
Hoy, Haití necesita que todos sus hijos, desde el más humilde, hagan sacrificios hasta lo soportable porque es tiempo de que más allá de los beneficios y pérdidas, de los arrepentimientos o los rencores, cada uno de nosotros deje atrás todas las posiciones partidistas, para llegar al salto intelectual que lleva a la racionalidad, lo fundamental, la imperiosa necesidad de la unificación de las voluntades de todos los hombres y mujeres haitianos responsables, de todos los componentes del país, de todos los ciudadanos alrededor de una sola realidad, sacar a la nación de este ciclo infernal de represión, de provocación, de desintegración que contribuye a ampliar la crisis mientras alejan todas las esperanzas de inversiones y desarrollo. Hay tiempo, porque no hemos llegado al punto irreversible y no tenemos un dedo en el engranaje.
Por Jean Bertin
4 de julio del 2007
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